Espejo darwiniano- De la serie Los habitantes del espejo- Regina MartínezEstos fueron mis primeros poemas. Empecé a escribir muy tarde, justo a los 33 años. No tenía un bagaje lector de la poesía y ni siquiera me había sentido atraído por ella. Pero un día sucedió. Aunque era mayor para ello me encontré con Neruda, Benedetti, Hierro, Valente…Había sentido por primera vez el impulso por escribir sin quemar y, además mostrarlo. La razón fue un gesto, un intento por sorprender a una amiga mediante un regalo original: un libro manuscrito que intentara llegar a los 20 poemas de amor y la canción desesperada y allí se quedó porque a ella, evidentemente, no le gustó para nada que le escribiera cosas así. Fue un esfuerzo bonito que me sirvió para hablar de una vocación oculta. Lo importante es que ya no hubo marcha atrás. El desgarro se iba a producir. Seguí escribiendo hasta ahora. Estos son los que rompieron el hielo. Yo estaba tenso y no sabía bien lo que hacía. Por eso estaban en el baúl de lo olvidable. Pero ya todo me da igual.
José Ramón Huidobro
Poemas pertenecientes a un libro que no sobrevivió al tiempo:
La Nada está llena de Todo (Año 2000)
Fotografías de Regina Martínez: Serie: Los habitantes del espejo
Grito “¡Todo! “, y el eco dice “Nada”.
Grito “¡Nada!, y el eco dice “¡Todo!”
Ahora sé que la nada lo era todo,
y todo era la ceniza de la nada.
José Hierro (Cuaderno de Nueva York)
VACÍO
Cruzó el abismo
(sobre la vertical feroz del miedo,
sobre el rencor oscuro de lo ínfimo).
José Ángel Valente
Pies sobre el alambre tenso
y bajo el alambre:
la inmensidad del amor,
la nada de la soledad,
el pavor a sí mismo,
y la sabiduría de los errores
confluyen en un soplo,
en un latido de corazón.
Y el vacío discurre
como las aguas bravas,
como dibujo de las nubes
en cámara de alta velocidad.
El funambulista sufre de vértigo
y el alambre cimbrea
empujado por el viento,
resentido por la debilidad.
La barra de equilibrio es hilo de seda.
El equilibrista, un niño con miedo,
tras los puntos cardinales
y un centro de gravedad
para su triste corazón.
Es el gran acróbata
Es el desafiador
Es el superviviente.
El equilibrista no contempla el horizonte.
Es el gran solitario
en la altura del desamor.
Domador de la línea angosta
desemboca su mirada
en los pasos sin rastro.
Un espejismo, ansiado, aguarda al final de su camino.
Sombra en la bruma, ¿real o inventada?
La melodía de la tensión
reverbera en un cuerpo de temblor.
Duda entre el regreso o la utopía.
Se detiene.
Toma aire.
Cierra los ojos.
Reza.
Silencio.
Las aguas rugen.
Esperan presa de la vacilación.
Mandíbulas abiertas,
seguras del desenlace fatal.
Como siempre ocurre,
cuando la duda se impone
ante el espejo de la verdad,
ante la respuesta cruel.
La añoranza empuja.
El amor detiene.
Y el desafiante avanza
sin la red que salva desliz.
Levita sobre la línea maldita.
Sobrevuela el precipicio.
Abandona el contrapeso.
Los ojos se abren.
La medida del tiempo
se confunde con la de distancia
y pugna con la de fuerza.
Toda la Física
en un pensamiento
y todos los pensamientos
electrizados,
en un sueño.
Paso a paso.
Milímetro a milímetro.
Suspiro a suspiro.
El náufrago camina sobre las olas.
Silencia al eco.
A pesar de la Nada.
A pesar del Todo.
La Nada se llena de Todo,
como reloj de arena volteado.
El funámbulo susurra al viento.
Construye un puente de palabras
con lenguaje de última vez.
Desafía a la tristeza.
Atraviesa el océano.
No mira atrás.
Una musa le lleva de la mano.
El vacío, por una vez, cae derrotado.
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos- De la serie Los habitantes del espejo- Regina MartínezVÉRTIGO
Y si quisiera morir lo haría en tu silencio.
Si quisiera sufrir mantendría tu mirada
hasta encontrar el hielo,
que hiciera de mí un ser inerte, gélido, rígido,
paralizado por el miedo
de ver como huyes de mis sueños,
para sentirte lejos, muy lejos,
en el infinito del universo.
Donde mis lágrimas se hacen meteoritos
y tu recuerdo pesadilla.
Frío de ausencia,
época de glaciar en mi corazón,
fósil de amor.
Sin vida, sin esperanza
de apreciar una sombra
en la oscuridad
de una noche de ciego,
en la penumbra de mi corazón,
que no quiere huir,
pero que escapa.
Avergonzado
arruinado,
debilitado.
Sincero ante tu causa,
mi causa.
Soy vértigo
y camino de puntillas sobre la cima más alta.
De donde parten mis lágrimas de dolor,
profundo,
dañino,
que me impide respirar.
Ahogado por tus ojos,
prisionero de las palabras que se sumergen en la nada.
Dime que me vaya y desapareceré.
Dime que permanezca cerca de tu mano
y me amarraré para siempre.
Espero una señal para sobrevivir.
Espero la oscuridad para extinguirme.
Te espero Sinceridad.
Para no soñar si me abandonas.
Para no respirar si no es en tus labios.
Para nadar hasta donde no hay horizonte.
Si te debo olvidar.
Si no debo amar
como ahora,
como siempre.
El dolor me perfora
y me hace frágil.
Y me duele la noche
y el amanecer
y cada latido de vida.
Sin el calor
que derrita témpanos
para sumergirme
en amor de hielo,
sin mi cordón umbilical,
sin explicación de tanto amor.
Aunque me duela tanto
os quiero lágrimas
si recorréis mi faz por ella.
Porque la apreciáis como yo,
porque me acompañáis hoy
y no estoy tan solo.
Os quiero lágrimas
porque me habéis adivinado,
porque tiráis del cabo del miedo
para salir del hielo,
para inundar mi tristeza,
para hacerme hombre.
Para creer
la mentira
Para descubrir
lo invisible.
Para explicar
tanto deseo de ella.
Para convertirla
en vértigo
de amor,
y en calor.
Ausencias anunciadas- De la serie Los habitantes del espejo- Regina MartínezFUERZA CENTRÍFUGA
Conexión directa a la locura.
Orgía de ideas vanas
esparcidas en la cuneta de la vida,
despojos de cordura
arrojados a la basura,
donde habita la herida
y se extingue la bravura.
Donde sólo hay lágrimas de niño
por una noche de miedo,
por tanto anhelo del día.
La fuerza centrífuga del dolor
absorbe sueños,
traga sabiduría,
engulle calma,
digiere colores,
arrastra espíritus,
tritura recuerdos,
anula la risa,
borra tu mirada
y cubre la magia.
La mecha se apaga
en la oscuridad infinita
y no diviso tu reflejo,
sólo imágenes abisales
y sombras desconocidas.
Floto para ellas;
ingrávido,
inconsciente,
incoherente,
imperceptible.
Supliqué ser el rocío
de tus ojos,
de tu sudor,
de tu deseo,
de todo tu ser.
Tengo tu veneno
y no quiero antídoto,
líquido de amor
no saciado
en el que me he ahogado.
Mercancía de Bazar- De la serie Los habitantes del espejo- Regina MartínezLOS POEMAS MATAN
Los poemas matan.
Los poemas desnudan.
Los poemas dañan.
Los poemas son una trampa.
Arrancan verdades ocultas.
Roban aire de la respiración.
Se nutren de sueños.
Engordan debilidades.
Los poemas son de temer
porque viajan desde el interior,
alumbran lo invisible
y se abastecen de las puras ideas.
¡Muerte a los poemas!
Desconciertan al ignorante.
Debilitan a los fuertes.
Miran a los ojos de los tímidos.
¡Prohibido los versos,
semillas de perdición!
Arranquemos del planeta
consonancias y asonancias
¡Fuera poemas!
¡Adelante los himnos!
Vengan palabras unísonas
enfervorizadoras de masas.
Los poemas son historia del olvido.
Superstición y perdición
de sectas demoníacas
y de asesinos de la falsedad.
Los poemas matan.
Los poemas desnudan.
Los poemas dañan.
Son trampa para caer.
Sueño húmedo- De la serie Los habitantes del espejo- Regina Martínez
Los poemas matan.
Los poemas desnudan.
Los poemas dañan.
Los poemas son una trampa.
Arrancan verdades ocultas.
Roban aire de la respiración.
Se nutren de sueños.
Engordan debilidades.
Los poemas son de temer
porque viajan desde el interior,
alumbran lo invisible
y se abastecen de las puras ideas.
¡Muerte a los poemas!
Desconciertan al ignorante.
Debilitan a los fuertes.
Miran a los ojos de los tímidos.
¡Prohibido los versos,
semillas de perdición!
Arranquemos del planeta
consonancias y asonancias
¡Fuera poemas!
¡Adelante los himnos!
Vengan palabras unísonas
enfervorizadoras de masas.
Los poemas son historia del olvido.
Superstición y perdición
de sectas demoníacas
y de asesinos de la falsedad.
Los poemas matan.
Los poemas desnudan.
Los poemas dañan.
Son trampa para caer.
Sueño húmedo- De la serie Los habitantes del espejo- Regina MartínezEL AMOR ES
Y el amor es fruta del Edén
de la que sólo palpamos su textura.
Pero nunca la probaremos satisfechos
si obedecemos el reglamento del Paraíso.
Los frutos prohibidos recuerdan a Eva
Y yo, Adán, no quiero recaer en el pecado
ahora que soy perro viejo y sé de la vida.
No vale una caricia el placer
si no sabe a amor,
a manjar de amanecer.
Sirven los secretos desconfiados,
mecha de un encanto latente.
Somos marionetas de la desgracia
y pregonamos desdichas de desamor.
Aunque nos enfrentemos a los ojos que ansiamos
y nos ahoguemos en la boca que nos pacifica,
dónde se halla la verdad,
oculta tras la parodia de mentiras
que nos ampara y nos hace vulgares.
¡Tan gratos somos a la estupidez!
¡Qué absurda existencia, la de la belleza!
Pasa de puntillas, en silencio,
Esencia que se evapora.
Yo soy de la vida que me recorre:
imperfecta,
arrastrada.
Pero la quiero viva en mi sangre.
Aunque me golpee.
Siempre seguiré el camino del tormento
que me haga sentir.
Cuando odie.
Cuando ame.
Y me ahogaré en mi fango,
en el pantano de mi verdad.
La despedida- De la serie Los habitantes del espejo- Regina MartínezApareció con sus galas de mujer fatal.
Mostraba su mirada dura, segura, inquisidora.
Contoneaba su cuerpo ceñido de felina.
Era depredadora, salvaje depredadora.
Tendía su trampa hipnótica, insalvable.
Sus ojos irradiaban veneno de atracción.
En su boca escondía el áspid temido,
engullidor de besos solitarios, desprevenidos.
Ella, al acecho, escondida, indiferente,
esparcía sus huellas, embaucadoras, descifrables.
Yo, cazador, las seguía, inseguro, receloso.
Armado de balas de la verdad, mi verdad.
Agazapado, temeroso, paralizado, la observaba.
La hora del cazador cazado se aproximaba.
Perseveraba en suicidarme entre sus garras.
Malherido, como estaba, de su acoso invisible.
Mas no hubo lucha devastadora,
desafíos o bravatas.
Nos encontramos cuerpo a cuerpo,
mirada a mirada,
boca a boca.
Era mujer triste, solitaria, temerosa.
Era dura y deleznable.
Me regaló su veneno dulce, apasionado.
Pero era indomable, escapaba, siempre.
Y yo la seguía con mis trampas de aprendiz.
Y ella me apresaba cuando necesitaba amor.
Besos de desconcierto con sabor a vino
me arrastraban a su lecho en las noches frías.
Desaparecía como el hielo al despertar.
Y moría cada segundo de su ausencia.
Decidí vivir sin la dama destrucción.
Reconstruí sueños, mi vida derrumbada.
Renuncié a su persecución eterna.
Oculté mi rastro desesperado.
El viento borró su aroma,
El sol cegó su mirada.
Abandoné mi verdad en algún desierto.
Manadas de hienas la engulleron.
Encuentro en la sombra- De la serie Los habitantes del espejo- Regina MartínezEL HOMBRE BALA
He desordenado mi vida entera
Está patas arriba.
He actuado como un ladrón,
saqueador de los sentidos
intruso impaciente.
Mi pasado embalado
a punto del viaje último
hacia el vertedero de la Nada.
Todo me sobra.
Todo.
Una declaración de amor
se llenó de telarañas.
Guardada bajo llave
en el baúl de la cobardía.
Pasto de los gusanos.
¿Y después qué?
Un pudo ser.
Un mejor así.
Un era el destino.
Un fracaso más.
Y ya no miro atrás.
Y ya no miro adelante.
Ojos arrancados
para no llorar,
para no continuar.
El gran hombre menguante
pisoteado por los enanos,
sin voz para gritar.
Espectáculo deprimente
del circo de la lamentación.
Damas y caballeros:
observen en la pista;
al payaso llorica,
al trapecista torpe,
al domador miedoso.
Damas y caballeros:
pasen y vean.
Todo es gratis.
Pues nada vale menos
que un cobarde de amor.
Pasen y vean
al hombre bala.
Apunta hacia su corazón
No teman los valientes.
Tiemblen los tímidos.
Digan su declaración.
O revienten.
El otoño de afrodita- De la serie Los habitantes del espejo- Regina MartínezBREVE
Quiero componer un poema
breve
certero
un poema que diga
te amo
y signifique
te amo
literal
sin metáforas
Algo así
no es fácil de escribir.
El sueño revisitado- De la serie Los habitantes del espejo- Regina MartínezVIENTO DE LA CENSURA
Irreverente deseo engullido
piraña hambrienta solitaria
acosa la presa del miedo
sumergida en el limo arrastrado
Demonio depredador arroja su poder
la magia de la maldad
libera secuela de la cizaña
revienta caricias en mil pedazos
Abismo doloroso de amor
vacío de las palabras vanas
encadenan al superviviente
anclado al fondo de la desesperanza
las ninfas arrebatadoras exhalan
la fragancia afrodisiaca
letal atracción de eunuco
condenado a enloquecer
El harén prendido se extingue
viento de la censura
cenizas de amante sentenciado
sopladas a las cloacas de la indiferencia
y no habrá llanto
por un rebelde mudo de amor
el aire se limpia para siempre
el desierto es más desierto
Memoria velada- De la serie Los habitantes del espejo- Regina MartínezMUDANZA
Llegó el tiempo de la mudanza.
Es hora de ordenar sentimientos.
Los cartones aguardan para engullir recuerdos
Abren sus bocas, hambrientas de olvidos.
Abrazan cuentos sin final
arrancados en noches de ojos tristes
y de lágrimas duras,
espinas derramadas,
por una cama desnuda
de la seda anhelada.
Llegó el tiempo de la mudanza.
Compendio de viajes oníricos
a los límites de la locura.
Estaciones de la ternura;
los sueños de besos prolongados.
Raíles hacia la soledad;
el delirio del desencanto.
El tren de la pesadilla no se detiene.
Se adentra en el túnel sin salida.
Descarrila un corazón.
Llegó el tiempo de la mudanza.
Arrastra el viento las cenizas
de la pira en la que ardió
el reflejo de un espejo roto,
mi sombra deformada,
la caricatura de un mal actor,
las excusas de un cobarde,
la mirada avergonzada,
el fuego sin encender
y las migajas de la amistad.
Llegó el tiempo de la mudanza.
Reúno sueños rotos con filo de cristal.
Dormí sobre ellos, como un faquir.
Heridas de la experiencia.
Cicatrices de la incomprensión.
Savia de la rebeldía.
Domador de los látigos.
Arte por comprender.
Rocas en el desierto.
y semilla de una flor.
Llegó el tiempo de la mudanza
Un amor por trasladar.
Unos labios para habitar.
Sirena varada- De la serie Los habitantes del espejo- Regina MartínezRegina Martínez no pretende reflejar miradas opacas, tampoco traslúcidas, ni oníricas. No desea que los ciegos se arranquen los ojos para jurar que adentro las respuestas están de más. No precisa de la inocencia infatil ni de sus juegos embaucadores a través. Cuelga los cuadros en la oscuridad para que los pases de largo en los pasillos hacia la habitación que guarda el terror más abisal. Hay que recorrer escaleras de caracol que atraviesan laberintos que desconoces, nunca averiguarás que estás en ellos, despreocúpate, el final no está al alcance de tu campo de visión. Puedes contemplar el fondo submarino e ignorarlo al ser imposible no respirar. Pasarán desapercibidas las caricias de madera al recordarte a las de un ataúd despreciado por la longevidad. No es posible escudriñar los límites de lo pulido ni la parte tangente contra la pared. No hay una sola fisura expuesta a la oscuridad. No se propuso atrapar tu atención abstraída, te permitió adentrarte en tu reflejo y no había nada, el vacío del que ahora huirás. Por supuesto, no recordarás. Tal es su poder.
José Ramón Huidobro
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